Allí se encontraba. Con la mirada perdida viendo pasar las horas en la esfera de ese horrible reloj. No sabía muy bien como se sentía, pero sin duda estaba algo nervioso y también asustado. Mejor dicho, estaba aterrado.
Volvió a dirigir la mirada al reloj. Eran las siete y cuarto. Que lento pasa el tiempo a veces, cuando generalmente va tan rápido que ni te has dado cuenta de que ya se ha ido.
El joven del chaleco gris se hizo crujir los nudillos. Ya quedaba poco para que llegase la hora…
Afuera llovía a cantaros, parecía que la lluvia se tragaría el mundo entero de un momento a otro, un rayo ilumino el cielo nocturno, no podía creer que hubiera terminado en esta ciudad, si es que así podía llamársele, pareciera que termino en este lugar a propósito, guiado por sus propios pasos pero el sabia que su voluntad jamás le habría llevado a un lugar así en una noche como esta.
-¿Desea algo de beber señor? –solo hasta ese momento se dio cuenta de que frente a el estaba una linda jovencita, apenas y contaría con 20 años, aparentemente el aspecto del joven le asustaba, se pregunto que podía hacer una joven como ella en un lugar como este, aunque después cayo en la cuenta de que seguramente no se trataba mas que de una infeliz criatura a la que la vida había tratado mal.
-Café por favor… y si pudieras conseguir unos cigarrillos te lo agradecería linda.
-En un instante señor –la joven sonrió y se retiro en el acto.
Miro a su alrededor intentando analizar el lugar, se trataba de una cafetería de esas que dan pena tan solo de verlas, el dueño atendía detrás de la barra donde tres comensales sostenían una alegre platica, unas diez o doce mesas llenaban el resto del recinto, a excepción de una mesa allá en la otra esquina el lugar estaba casi vacío.
En estos y otro razonamientos se encontraba cuando la jovencita volvió con sus encargos, apenas y murmuro unas frías palabras de agradecimiento y dando un sorbo al café abrió la cajetilla de cigarrillos y tomo uno.
-Ese vicio le matara ¿Sabe? Creo que lo más prudente seria que lo apagara, además detesto el aroma del tabaco.
Esta vez no se sorprendió, había visto a aquel hombre de gabardina y sombrero desde el momento en que entro al lugar, le pareció sospechoso entonces y aun ahora esa era la impresión que tenia de el.
-Francamente mi amigo, eso no es asunto suyo, si le molesta el aroma del tabaco vaya y busque un lugar donde pueda descansar su nariz de tan desagradable aroma.
-Veo que no acepta los consejos de buena manera señor…
-Eso… –y en esta ocasión poso sus fieros ojos grises en el- tampoco es asunto de su incumbencia.
-Esta bien señor Lernier –y al decir esto tomo asiento- ¿Por qué ese es su nombre no es así? Jean Paúl Lernier.
¿Cómo es que sabía su nombre? Su verdadero nombre, hacia tanto tiempo ya que nadie le llamaba de ese modo, casi podía jurar que ya lo había olvidado, y de repente aquí frente a el un completo desconocido le llama así con tal naturalidad como si le conociera de toda una vida. Estaba desconcertado.
-Veo que le he dado una gran sorpresa mi amigo, no se el porque ha reaccionado así, sabia usted que nada dura para siempre y que tarde o temprano alguien lo encontraría, después de todo por mas que huyamos de nosotros mismos siempre terminaremos topándonos de frente con nuestros recuerdos.
En ese momento Lernier hizo el ademán de inclinarse a tomar un maletín que llevaba bajo la mesa, una cosa era segura, este… “extraño” no podía continuar vivo por mucho tiempo.
-No se moleste Sr. Lernier, además si usted se mueve un poco mas no dudare en matarle –en ese instante el extraño le mostró la brillante empuñadura de un revolver.
-¿Qué es lo que quiere de mi? ¿Por qué presiento que fue usted quien me atrajo a este lugar?
-¿Yo? –Dijo el hombre fingiendo estar extrañado por tales preguntas- no Sr. Lernier fue usted solo quien llego hasta este lugar, digamos que simplemente estoy en el lugar y la hora correctos.
-¿La hora dice usted? –En ese momento miro el reloj, eran las 7:30- la hora…
-Si señor, la hora adecuada, ¡oh! Pero que descuidado soy… no le he dicho mi nombre, yo soy Christoff Schneider.
-Bien Sr. Schneider, aun no ha respondido a mi pregunta… ¿Qué desea usted de mí?
-Míreme bien Sr. Lernier, ¿Qué cree usted que alguien como yo podría desear de usted? ¿Dinero? Creo que se nota que dinero no me hace falta, cosa que no puedo opinar de usted…
-Entonces lo que usted desea es un favor…
-Un favor, ¡si! Precisamente eso, un favor, pero ahora no es el momento de hablar de negocios, primero bebamos un poco.
En ese instante y con un gesto Schneider llamo a la joven que hacia las veces de mesera, después de darle un par de indicaciones al oído y de depositar un billete en su delantal la joven salió nuevamente como antes a cumplir con los encargos, por supuesto, motivada por ese dinero fortuito.
-¿Sabe? –Dijo Lernier- aun no entiendo que hace usted aquí.
-Todo a su debido tiempo mi amigo, todo a su debido tiempo. Lo principal ahora es que quiero saber mas de usted, y supongo que usted querrá saber mas de mi ¿no es así?
Lernier observo con interés a Schneider, este sonrió se dio cuenta de que por fin había captado la atención de Lernier, ahora todo resultaría mas sencillo.
Schneider en verdad había captado la atención Lernier, pero lo que Schneider no sabia era que a su vez Lernier también había captado toda la atención de Schneider al grado tal que este no se había dado cuenta del momento en que los comensales de la barra pagando su cuenta abandonaron el lugar, tampoco se dio cuenta de que una pareja mas entro y se sentó junto a las personas de la mesa en el otro rincón del recinto.
-Errores fatales –dijo Lernier para si mismo.
-¿Perdón? –el rostro de Schneider era de interrogación absoluta.
-Nada ¿señor…?
-Schneider le repito, Christoff Schneider.
-Por supuesto, Schneider, pues bien dígame ¿Qué quiere saber usted de mí? –En esta ocasión enfatizo la pregunta, ya estaba harto de hacerla una y otra vez.
-Pues bien Sr. Lernier, la verdad como le he dicho, es que esto no fue planeado en ningún momento, tampoco tuve nada que ver con el hecho de que usted se encontrara aquí a esta hora y en este lugar, sin embargo estoy agradecido por esto y ahora le diré porque, la razón de que este para mi sea un feliz encuentro es que…
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